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Europa y el planeta de los Simios

           No llego a entender bien los entresijos de la información; de repente hay noticias que se sobredimensionan y son portadas en periódicos e informativos y, otras, que pasan totalmente desapercibidas.

           Europa está tocada, su proceso de convergencia es históricamente inoportuno, la disgregación y el feudalismo es una ley que parece, inexorable, en esta aldea global. Europa se ha convertido en el centro de todas las críticas, sobre todo, como ahora, que la crisis (con perdón) se hace más aguda: el euribor, el Banco Central Europeo, la implantación del Euro, las políticas agrarias. La Unión Europea  es la culpable de todos nuestros males. El número de euroescépticos aumenta a pasos agigantados. Europa, por desgracia, cada vez interesa menos, más que le pese a mi entrañable maestro Juan Manuel de Faramiñan.

          Perdón por la digresión, yo quería comentarles, para alegría de mi distinguido compañero Francisco Capacete, el Proyecto Gran Simio (de ahí el título del artículo). Ya en diciembre de 2007, la Comisión de Medio Ambiente, Agricultura y Pesca del Congreso de los Diputados aprobó una proposición no de ley que instaba al Gobierno a adherirse al Proyecto Gran Simio; una iniciativa internacional, no gubernamental, que reconoce a orangutanes, chimpancés y gorilas, cuyo parecido genético con el hombre supera el 95%, derechos humanos como el derecho a la vida, a la libertad y a no ser torturados. El Proyecto Gran Simio es una idea original de un grupo de científicos y pensadores como Peter Singer y Paola Cavalieri, que "supone uno de los avances más importantes en la ampliación de las fronteras de la igualdad". España se convirtió, así, en el primer parlamento del mundo que se adhirió a los objetivos del proyecto Gran Simio, defendiendo los derechos fundamentales básicos de los homínidos no humanos. Es justo señalar, según me corrige mi amigo, el abogado Bartolomé Cáffaro, socio de nuestra firma Maat Abogados&Asociados en Palma que, a principios de 2007, el Parlamento Balear se unió también a este proyecto.

          Aplaudí y apoyé esta proposición, más allá de las críticas que de inmediato aparecieron. Siete años después, hay que seguir apoyando este proyecto en el que muchas personas continúan aportando su esfuerzo y su trabajo en silencio, fuera del circo mediático. Me emociona leer en su web algunas de sus noticias: “Un chimpancé ayuda a hablar a un niño autista” o esa otra “Los chimpancés tienen un sentido de la justicia similar al de los humanos” según una investigación de dos universidades de Atlanta. Algunos dirán que hay temas mucho más importantes de los que ocuparse y, probablemente, tengan razón, otros que es la antesala para abrir un debate sobre las corridas de toros. A pesar de los sarampiones que estos temas producen, ¿por qué no se pueden modificar tradiciones que supongan un maltrato a los animales? Si hemos suprimido “prácticas” tan aferradas para algunos como despeñar desde el campanario de una iglesia una cabra, ¿por qué no replantear nuestra fiesta nacional? Si competimos en quien es más animal que quién, la decisión es unánime: El hombre.