Reflexiones sobre la Sentencia del TS de los correos en redes sociales

            La reciente Sentencia del Tribunal Supremo, de 19 de Mayo del 2015, Sentencia 300/2015, en el recurso 2387/2014, que ha corrido como la pólvora por las redes sociales merece, merece una pausada reflexión a la luz de una serena lectura de la misma. 

            No estoy de acuerdo cuando se dice que el Tribunal Supremo ha fijado los criterios por los cuales se aceptan los mensajes de las redes sociales como prueba en juicio. Desde mi punto de vista, lo que ha sucedido es que, en un procedimiento en el que se presentaron unos pantallazos, de los que luego se hicieron ciertas pruebas acreditativas de su validez, han sido tomados como ciertas.

            Como dice el Tribunal Supremo, “la prueba de una comunicación bidireccional mediante cualquiera de los múltiples sistemas de mensajería instantánea debe ser abordada con todas las cautelas”. Y ello es así, como indica a continuación el Tribunal Supremo, porque “la posibilidad de una manipulación de los archivos digitales mediante los que se materializa ese intercambio de ideas, forma parte de la realidad de las cosas. El anonimato que autorizan tales sistemas y la libre creación de cuentas con una identidad fingida, hacen perfectamente posible aparentar una comunicación en la que un único usuario se relaciona consigo mismo”. Por lo tanto, sigue diciendo el Tribunal Supremo, “la impugnación de la autenticidad de cualquiera de esas conversaciones, cuando son aportadas a la causa mediante archivos de impresión, desplaza la carga de la prueba hacia quien pretende aprovechar su idoneidad probatoria. Será indispensable en tal caso la práctica de una prueba pericial que identifique el verdadero origen de esa comunicación, la identidad de los interlocutores y, en fin, la integridad de su contenido”. 

            En la siguiente argumentación, el Tribunal Supremo indica porqué se han aceptado esos mensajes como válidos. Y es que, dentro de la carga de la prueba, se han efectuado dos actuaciones que han eliminado toda duda sobre la validez de esas comunicaciones: por un lado, “la propia víctima (es) la que pusiera a disposición del Juez de instrucción su contraseña de Tuenti con el fin de que, si esa conversación llegara a ser cuestionada, pudiera asegurarse su autenticidad mediante el correspondiente informe pericial; y, de otro lado, “el interlocutor con el que se relacionaba –la víctima- fuera propuesto como testigo y acudiera al plenario. Allí pudo ser interrogado por las acusaciones y defensas acerca del contexto y los términos en que la víctima y el testigo mantuvieron aquel diálogo”. 

            Por lo tanto, desde mi punto de vista, el Tribunal Supremo no ha fijado los criterios por los cuales los mensajes de las redes sociales se admiten como prueba en los juicios, ya que en este caso lo que ha hecho el Tribunal Supremo es dar validez a unos pantallazos una vez que se ha comprobado su validez, a través de la propia red social y mediante la testifical de la otra parte de la conversación. 

            Aún espero que requisitos pedirá el Tribunal Supremo para que un correo electrónico enviado desde un ordenador a otro, cuando una parte niega su emisión o recepción, serán necesarios para acreditar su validez. Estoy pensando en los correos electrónicos previos a la firma de acuerdos comerciales, que serían prueba de la interpretación de los contratos; en los contratos efectuados electrónicamente; etc. En este caso, entraremos en los peritajes, en las empresas certificadoras, en la firma de los correos electrónicos, en los custodias de documentación, etc. Cuando el Supremo aborde este tema, tendremos los criterios de los correos electrónicos. 

            Y, como dice el Supremo, este tema debe ser abordado con todas las cautelas.