Reflexiones sobre el derecho al Honor

        Desde nuestro despacho, hemos tenido la ocasión de defender los derechos de una señora que había recibido una demanda civil por intromisión en el honor.

Un resumen de los hechos, nos lleva a reconocer la existencia de una relación tensa entre las partes, fruto de una previa relación profesional, que termina con una denuncia en el Juzgado de guardia dónde, después de narrar toda una serie de hechos, se indica “Quiere añadir que el denunciado ha estado en tratamiento por alcoholismo en la Clínica XXXXX y teme por su integridad física”. Seguido juicio de faltas, se dictó sentencia absolutoria en base al principio “in dubio, pro reo”. 

La última indicación, es el origen de todo el problema. El denunciado en vía penal, entiende que las manifestaciones de haber estado en tratamiento por alcoholismo, suponen una intromisión ilegítima en su honor y, por ello, solicita una indemnización, en vía civil, de 800 €.

La sentencia que analizamos, recoge en sus primeros Fundamentos de Derecho que la Jurisprudencia, en estos casos, considera la existencia de un conflicto entre la libertad de expresión y la libertad de información, y la existencia de un conflicto entre la consideración subjetiva del ofendido y la realidad objetiva. La libertad de expresión tiene como límite “la ausencia de expresiones inequívocamente injuriosas o vejatorias, sin relación con las ideas u opiniones que se expresan y que resultan necesarias para la exposición de las mismas. No puede utilizarse la expresión para incluir en ella palabras o frases insultantes, vejatorias o descalificadoras de la persona a la que se refieren, en cuanto sean innecesarias para el fin perseguido de la información o la opinión, ya que se puede discrepar, censurar y criticar con toda la fuerza necesaria, pero no insultar.” Es decir, que la libertad de expresión permite discrepar, censurar y criticar, pero no insultar.

Y, por lo que a conflicto entre lo subjetivo y lo objetivo de la expresión, las sentencias son claras; el criterio subjetivo del ofendido no puede prevalecer sobre el criterio objeto, por lo que se debe estar siempre al criterio objetivo. Lo que implica analizar las expresiones vertidas dese la perspectiva de un tercero ajeno al conflicto.

En el supuesto defendido por nuestra firma, la Sentencia estima que no hay intromisión en el derecho al honor, porque lo que se hace, con la denuncia penal, es una relación de hechos, que pueden tener relevancia penal, pero ningún juicio de valor peyorativo. El actor entendía que cuando se le acusa del alcohólico, lo que se hace es utilizar esa enfermedad para acosarlo. Pero ese es el criterio subjetivo al que nos hemos referido antes. Es posible, y si hay una demanda es porque es real, que el actor considerara, en su fuero interno, que esas expresiones, para él son dolorosas. Pero si esas expresiones no se han realizado como un juicio de valor, con una intención de perjudicar, sino como hechos concretos, no hay intromisión en el honor.

Y a esta conclusión se llega porque en la denuncia, lo primero que hay, es una relación de hechos y, luego, se añade la consideración (que también es objetiva) de que el actor había estado en tratamiento por su alcoholismo. Además, se añade, que esta manifestación se apoya no para despreciar al actor, sino para indicar que la denunciante siente miedo. Es decir, que la denunciante no se aprovechó de la situación de tratamiento de rehabilitación del alcohol, para luego decir que le acosaba, sino todo lo contrario. Primero describió la situación que padecía y, en el último inciso de la denuncia, hizo constar que sabía que había estado en tratamiento de deshabituación y que teme por su integridad física. Y además, y muy importante, esas afirmaciones no van acompañadas de un juicio de valor negativo.

Por lo tanto, podemos concluir que la libertad de expresión nos permite criticar, censurar, manifestar, pero no insultar. Además de que las expresiones, para que sean injuriosas y atentatorias contra el honor, deben ser analizadas desde un punto de vista objetivo.

Por último podemos añadir, como elemento de reflexión, que en este caso la conclusión de que no había intención de perjudicar venía por la estructura de la propia denuncia penal, ya que la afirmación de que el denunciado había estaba en tratamiento por alcoholismo, se hace al final de la denuncia, como un hecho más, y para apoyar que la denunciante sentía miedo. En cambio, si se hubiera empezado la denuncia diciendo que el actor había estado en tratamiento y por eso …. Tal vez, tal vez, la solución sería otra. 

Sentencia completa: sentencia